viernes, 16 de diciembre de 2011

¿POR QUÉ LEER?



Porque si lees El Lazarillo, Madame Bobary o... La Ratita Presumida te daré 50 euros. Tienes dos días. No lo digo yo. Aunque lo diría si fuese efectivo. Esta es la solución desesperada que se le ocurre a Chema para despertar el interés por la lectura a los García en la serie Aída. Es la última solución desesperada, pues antes ha intentado encerrar a la familia en una habitación donde los libros son la única posibilidad de entretenimiento. Sin embargo, y para sorpresa y decepción de Chema, los García descubren nuevas utilidades de los libros; con ellos no sólo se puede leer… No será fácil convencer de las bondades de la lectura a quien ya tiene ideas muy sólidas sobre el lugar que esta ocupa en el mundo actual. Así, la abuela de los García (autoridad en el desorden) exclamará indignada ante la propuesta de lectura: “¡Leer teniendo tele…! ¿Qué somos? ¿Bohemios?”. Si para ella leer es actividad del siglo XIX para gente con la cabeza llena de pájaros, para el más joven de la familia, tiene más que ver con los ilustrados del siglo XVIII.

Hay mil respuestas para esta pregunta, pero sólo una es válida: la que elabora uno mismo para sí mismo en función de una necesidad personal. De nada sirve decir que todas las respuestas están en los libros, que leer enriquece, que leer es cambiar tu mundo porque te rebela contra lo que no te gusta de él y te revela cómo podría ser o cómo son otros mundos, que leer es divertido, que leer es recordar, que leer es no estar solo, que leer es viajar (adónde puede que no logres llegar nunca por otros medios), que leer es soñar, que leer es discutir, que leer es descubrir y descubrirse… y, al final, vivir un poco mejor; que es casi lo mismo que sentirse un poco más libre. De nada sirve si todo esto, así en abstracto, no dice nada o se cree que hay formas más rápidas y menos costosas de llegar a los mismos sitios; aunque se intuya que, a veces, el camino más rápido y más corto no es tan emocionante y satisfactorio porque con la velocidad se confunden formas y matices, aunque siga habiendo colores.



Por eso, Chema se rinde. Trata de convencer con palabras. Se indigna: “¿Pero cómo va a ser leer aburrido? ¡No!. Leer es divertido, enriquece y además… fortalece tus bíceps”. Las palabras no sirven. Lo intenta con dinero, pero tampoco. Hay cosas que ni con dinero pueden lograrse; mejor dicho, hay cosas que no se logran con dinero. Al final, es él quien recibe una lección: leer no se puede imponer. Como en todo lo demás: cada uno es cada uno. Los libros hay que conocerlos desde dentro, entrando. Lo que sí se puede hacer es ayudar a entrar. Eso es lo que hay que investigar. No es mala idea hacerlo desde la broma. Entre las burlas se camuflan muchas verdades, que así parecen más ligeras. Entre bromas se habla en Aída de Borges, de Chéjov, de Flaubert… de la imaginación (que es sólo tuya) y de las ideas que salen de los libros y te resuelven problemas. Se habla de qué quiso decir el autor. Y, casi, no te das ni cuenta.

Se puede ver este episodio de Aída en el siguiente enlace: http://www.telecinco.es/aida/temporadas/temporada-09/t09xc05-los-amantes-del-circulo-de-lectores/T09xC05-amantes-circulo-lectores_3_1511278961.html

jueves, 15 de diciembre de 2011

RECUPERANDO UN TÓPICO...


       El tópico horaciano del Carpe Diem es actualizado a cada instante. La última versión con la que me he encontrado pertenece a Macaco, uno de los cantantes de moda, que con su tema ``Puerto presente´´ ha conseguido transmitir la necesidad que tenemos de aprovechar al máximo cada minuto que vivimos:


        Me sorprende el hecho de que una canción tan accesible y repetida pueda transmitir con tanta intensidad un tópico que ha permanecido desde su creación hasta hoy en la tradición literaria. Si bien emplea un lenguaje mucho más popular y el verso libre -distante de composiciones cultas como la de Lope de Vega- consigue crear, a través de repeticiones (fundamentalmente del término `presente´), metáforas (`El ayer ya lo guardé en cajoncillos de papel´) y otros recursos literarios, el grado de intensidad con el que ha de vivirse la vida. Este viene reforzado también por las imágenes del video, en el que aparecen, entre otras cosas, referencias a los famosos relojes de Dalí, recogiendo así elementos culturales y artísticos.
     
       Creo se podría completar muy bien con la escena inicial del Club de los poetas muertos, en http://www.youtube.com/watch?v=nC7KdxAYdU4,  donde un profesor invita a sus alumnos a aprovechar el tiempo al máximo a través de un poema de Walt Whitman: 
 
                                                Coged las rosas mientras podáis,
                                                veloz el tiempo vuela.
                                                La misma flor que hoy admiráis
                                                mañana estará muerta.

       Me parece una película excelente. Ambos son un buen ejemplo para constatar que la literatura, lejos de ocuparse de cosas ajenas al hombre de hoy, las reproduce. CARPE DIEM.

    

miércoles, 14 de diciembre de 2011

DEL CÓMIC A LA GRAN PANTALLA



Tintín, el joven reportero más famoso del mundo del cómic, fue creado por el escritor belga George Prosper Remi, más conocido por Hergé, nombre artístico que se puso él mismo tomándolo de la  pronunciación de sus iniciales invertidas (RG) en francés. Las aventuras de este personaje fueron publicadas por primera vez en 1929 en las páginas de Les petit vingtiéme, que tras la guerra pasó a llamarse Le journad du Tintín. Posteriormente aparecieron también en otras publicaciones, como Le Soir, durante la ocupación alemana de Bélgica (1940-1944) o el semanario Tintín (1946-1976). Todas las aventuras de Tintín fueron más adelante recogidas en álbumes independientes y traducidas a numerosos idiomas. Hergé acompañó las aventuras de su personaje de una fuerte intención pedagógica, no sólo mostrando diferentes lugares y culturas, sino acompañando sus episodios de referencias históricas, políticas y religiosas.



Este año, de la mano de Steven Spielgberg, por fin ha llegado a la gran pantalla la versión cinematográfica de este famoso cómic. Bajo el título de Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio, y gracias a la técnica del Motion Capture, las peripecias de los personajes se nos presentan con un gran realismo, muy superior a todos los intentos anteriores. Esta película, protagonizada por Jamie Bell, que da vida al personaje de Tintín, acompañado de Andy Serkis, en el papel del Capitán Haddock, y de Daniel Craig convertido en Rackham el rojo, es la primera parte de una trilogía que convertirá en imágenes los mejores momentos de toda una colección de volúmenes. Junto a ellos, no podían faltar personajes como Milú, el inseparable cachorro blanco que acompaña a Tintín allá a donde va y que más de una vez le ayuda a salir de algún que otro problema; el profesor Tornasol, cuyas investigaciones financia el Capitán Haddock, gracias a la fortuna heredada de un famoso antepasado; o Hernández y Fernández, dos gemelos miembros de la policía secreta que, si bien al principio tratan de capturar a Tintín creyéndolo sospechoso, al final terminan convirtiéndose en dos fieles amigos. Son extremadamente patosos, y muchas veces acaban en apuros simplemente por querer hacer las cosas bien.





"Desde los brillantes títulos de crédito, la sensación de estar presenciando algo completamente diferente y profundamente divertido se apodera del espectador hasta más allá del final" (Luis Martínez: Diario El Mundo)