
Porque si lees El Lazarillo, Madame Bobary o... La Ratita Presumida te daré 50 euros. Tienes dos días. No lo digo yo. Aunque lo diría si fuese efectivo. Esta es la solución desesperada que se le ocurre a Chema para despertar el interés por la lectura a los García en la serie Aída. Es la última solución desesperada, pues antes ha intentado encerrar a la familia en una habitación donde los libros son la única posibilidad de entretenimiento. Sin embargo, y para sorpresa y decepción de Chema, los García descubren nuevas utilidades de los libros; con ellos no sólo se puede leer… No será fácil convencer de las bondades de la lectura a quien ya tiene ideas muy sólidas sobre el lugar que esta ocupa en el mundo actual. Así, la abuela de los García (autoridad en el desorden) exclamará indignada ante la propuesta de lectura: “¡Leer teniendo tele…! ¿Qué somos? ¿Bohemios?”. Si para ella leer es actividad del siglo XIX para gente con la cabeza llena de pájaros, para el más joven de la familia, tiene más que ver con los ilustrados del siglo XVIII.
Hay mil respuestas para esta pregunta, pero sólo una es válida: la que elabora uno mismo para sí mismo en función de una necesidad personal. De nada sirve decir que todas las respuestas están en los libros, que leer enriquece, que leer es cambiar tu mundo porque te rebela contra lo que no te gusta de él y te revela cómo podría ser o cómo son otros mundos, que leer es divertido, que leer es recordar, que leer es no estar solo, que leer es viajar (adónde puede que no logres llegar nunca por otros medios), que leer es soñar, que leer es discutir, que leer es descubrir y descubrirse… y, al final, vivir un poco mejor; que es casi lo mismo que sentirse un poco más libre. De nada sirve si todo esto, así en abstracto, no dice nada o se cree que hay formas más rápidas y menos costosas de llegar a los mismos sitios; aunque se intuya que, a veces, el camino más rápido y más corto no es tan emocionante y satisfactorio porque con la velocidad se confunden formas y matices, aunque siga habiendo colores.

Por eso, Chema se rinde. Trata de convencer con palabras. Se indigna: “¿Pero cómo va a ser leer aburrido? ¡No!. Leer es divertido, enriquece y además… fortalece tus bíceps”. Las palabras no sirven. Lo intenta con dinero, pero tampoco. Hay cosas que ni con dinero pueden lograrse; mejor dicho, hay cosas que no se logran con dinero. Al final, es él quien recibe una lección: leer no se puede imponer. Como en todo lo demás: cada uno es cada uno. Los libros hay que conocerlos desde dentro, entrando. Lo que sí se puede hacer es ayudar a entrar. Eso es lo que hay que investigar. No es mala idea hacerlo desde la broma. Entre las burlas se camuflan muchas verdades, que así parecen más ligeras. Entre bromas se habla en Aída de Borges, de Chéjov, de Flaubert… de la imaginación (que es sólo tuya) y de las ideas que salen de los libros y te resuelven problemas. Se habla de qué quiso decir el autor. Y, casi, no te das ni cuenta.
Se puede ver este episodio de Aída en el siguiente enlace: http://www.telecinco.es/aida/temporadas/temporada-09/t09xc05-los-amantes-del-circulo-de-lectores/T09xC05-amantes-circulo-lectores_3_1511278961.html



